miércoles, 1 de octubre de 2014

01. INTRODUCCIÓN: MODAS QUE INCOMODAN

                Nos encontramos existiendo y teniendo que decidir cómo hacerlo
"Set fire to the rain" Adele

Ajenos a sí mismo, deambulan por calles solitarias o llenas de gente; da lo mismo, huyen de su propio ser…

¿Cuánto nos hemos alejado de nosotros mismos, del verdadero ser que somos?  ¿O ni siquiera hay conciencia de esta lejanía?  Ya en 1982, Karlfried Graf Durckheim , en su libro “El hombre y su doble origen”, decía:  “Privado de su verdad interior, aquella según la cual debiera vivir, el hombre enferma, entristece o se pervierte”  ( Ed. Cuatro vientos, Chile,  pág. 13) Advertía que la joven generación de entonces necesitaba que los educadores los orientaran primeramente no sobre el actuar, hacer, tener, poder, aprender; sino sobre el ser; pero “bajo la mirada interrogante de los jóvenes, no sólo se presentaban con las manos vacías, sino que ellos mismos eran cáscaras vacías.  No es que fueran malvados y sin méritos”  Es más, podría tratarse, agregaba Graf Durckheim, de “ciudadanos conscientes, respetuosos de las leyes y de los valores morales, pero, en esencia, no tenían  ni savia ni raíces.” (Ibíd. Pág. 16)   Volver al ser, ensimismarse, re-flexionar (en el sentido de volver sobre sí), dejar los audífonos para escucharse y conocernos… ¿Difícil? ¿No hay tiempo? ¿No es conveniente ni útil? ¿Es más entretenido el exterior, con sus juegos de luces y sombras, velocidad, furia, placer y bebidas energizantes?

 “Los padres,  los educadores, los responsables de la juventud ¿acaso saben que la conciencia repentina de lo que somos por nuestro Ser esencial puede significar el despertar a otra realidad que obliga a una nueva vida?” (Ibíd. Pág. 17)

Estimados alumnos… recuerdo de mi época universitaria, aquellas clases donde intentaban
convencernos de que somos, sentimos y aprendemos como las ratas; sólo que con un cerebro más complejo. Desgraciadamente, eran muchos los convencidos, ante las conclusiones que extraían psicólogos de blanco delantal, que no paraban de observar la conducta de sus ratas.  Era una época en que estos profesionales del “alma” (psijé significa alma) imitaban a Skinner, quien se hizo famoso por su rata Charlie, a quien presentaba en clases como modelo del aprendizaje del “animal humano”.  Una y otra vez, para formarse como profesor había que aprender todo tipo de condicionamientos; clásicos y operantes, esto es, por contigüidad y refuerzo. Laberintos, queso al final o corriente eléctrica desde el principio; el profesor sería el condicionante y el alumno el condicionado: gatos, perros, palomas, monos,  ratas, niños, universitarios… daba lo mismo. Al final, decía, todos van por el queso.  Creo que tanto tiempo tratando al ser humano como animal y reduciendo la educación a manipuladores (condicionantes) y manipulados (condicionados) tuvo su efecto… La persona, su dignidad, su discernimiento, su creatividad, su intimidad, su responsabilidad, su capacidad de compromiso, el amar, su ser esencial, desaparecían tras el juego interminable de estímulo – respuesta.  “No soy animal… soy persona” o “No actúo por condicionamiento sino por convicciones…” fueron pensamientos y expresiones que, por varias décadas me trajeron problemas, pues se trataba de pensamientos prohibidos por la moda conductista que invadía la mente de psicólogos y profesores quienes a su vez “condicionaban” a los futuros profesionales de la educación. 

Pero cuando el hombre no piensa, se guía por modas y a ellas se acomoda… Pasó esa moda y vino otra más fugaz que la anterior, dejando también sus huellas: “aprendemos imitando”; somos imitadores… y nuestra sanidad consiste en adaptarnos al medio.  Otro problema más: ¡No, no somos imitadores!  Cuando pequeños, claro, imitamos los primeros movimientos, sonidos, quehaceres.  Pero lo que nos realiza no es imitar sino descubrir nuestro propio estilo… Somos creativos y deseamos superarnos y vencer los obstáculos y no  engrosar nuestra piel o llenarnos de pelo porque hace frío.  Inventamos la calefacción, quita vellos, cortes de pelo, barba y bigote y el vellón de la oveja lo convertimos en lana para chalecos, bufandas, ponchos, gorros y guantes…  Por mi parte… ¿imitar a los demás? Vean el film Zelig de Woody Allen… Por mi parte y de acuerdo con Ortega “Yo soy yo y las circunstancias. Si yo no las salvo, yo no me salvo”.  Así, luego de observar a muchos de mis profesores y compañeros de trabajo, me aconsejaba a mí misma: “No debes ser igual que ellos; no te parezcas… Idea algo distinto… La educación y su sentido… nuestra existencia… va más allá de nuestros amados animales y admirados o no personajes.”.
Los niños hacen lo que ven
https://www.youtube.com/watch?v=Evc2-9n1j6c#t=22 

   Pasaron unos quince años y condicionantes, condicionados, imitadores e imitados ya
aburridos exclamaron ¡Somos constructores de nuestro aprendizaje, construimos nuestro conocimiento… debemos centrarnos en el aprendizaje y no en la enseñanza! Entonces, en las salas de clases el profesor dejó de enseñar para ordenar ¡Formen grupos y digan qué piensan sobre esto o lo otro! ¡Todo lo que piensen es válido; cada cual tiene su verdad!  Ahora, opinar se confundió con saber y ser con apariencia…”  ¿Consecuencias? Se dio poder de decisión y acción a quien sólo tenía opinión, parecer… Felicidad y placer, deber y poder, respeto y tolerancia, querer y amar, sensación y sensibilidad, libertad y liberación, presencia y apariencia…  Todo daba lo mismo: la responsabilidad se rebajó a un me da o no me da la gana, el amor se esfumó para sólo intentar pasarla bien y los programas de farándula fueron el producto estrella; lo dijo algún animador de programa tenía más peso que el decir razonado…. Moral del derecho sin deber  e igualdad sin equidad pues el mérito es un mal venido para la verdad como conveniencia y no como verdad real o auténtica verdad.

Así, hoy sumo a mis frases problema otras más: “La verdad no depende de cada cual, la
verdad es lo que realmente es, aunque no nos guste”.  “La verdad se descubre, no se inventa”.  “El arte es creación, la ciencia es descubrimiento”  “No es lo mismo necesario que importante, ni superficial que profundo, ni fundamento que fundamentado, ni ser que tener o estar…” y bien, aquí estamos, preguntándonos qué es lo más importante de enseñar a quienes desean ser educadores y guías de niños, adolescentes o jóvenes, porque pienso que ese es nuestro deber, misión y vocación: guiar para intentar ser mejores y hacer de este mundo un espacio para la convivencia en paz, la colaboración, la esperanza, la fortaleza, en resumen, para el respeto, la gratitud, el amor.

El problema actualmente aumenta.  Otra moda mundial se superpone a las anteriores: “Educamos por competencias”.  El problema es que sea moda y no sea reflexionada…. Por todo lo expuesto, es claro que escuelas, institutos, universidades y otros llamados centros de educación no estaban (están) educando. Consecuentemente, quienes egresaban de ellos, eran “incompetentes”, esto es, tenían algunas ideas dispersas sobre esto o lo otro pero su ser, sus potencialidades no educadas, no activadas o actualizadas… Así, sin una corporalidad, intelectualidad, afectividad, sociabilidad, moralidad, esteticidad, transtemporalidad, transespacialidad, creatividad, religiosidad educadas… mal podían tener las competencias necesarias para existir y convivir como personas dignas, responsables de sí y del mundo que vamos co-creando.  Bien, formemos en competencias pero ¿qué tipo de personas queremos que adquiera tal o cual competencia: un ególatra, un abusador o un ser respetuoso? ¿Si de educar se trata, no habría que considerar la formación en competencias prioritarias? La competencia da poder y eso es excelente, si antes formamos en el deber. Hitler tenía muchas competencias comunicacionales y de liderazgo…. ¿qué no consideraron sus educadores en su formación?


 “Conócete a ti mismo” frase inscrita en la puerta del templo de Apolo, en Delfos, y repetida una y otra vez por Sócrates a los jóvenes.  Pero las modas descritas (y antes la moda del racionalismo) la sepultaron y, tal como advertía K. Graf Dürckheim, el ser humano se olvidó de su ser esencial para vivir desde y por el tener, la apariencia, el dominar… Por ello, pienso que debemos detenernos para reflexionar sobre cómo reencontrarnos con nuestro ser para luego ayudar a otros a emprender un camino hacia su propia intimidad.  Sé, que caminos hay muchos; esta vez les invito a iniciarlo educando la sensibilidad; pues pienso que la insensibilidad es una de las enfermedades que aqueja ser actual, llegando en algunos casos  a la perversión.

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